Muerte en Venecia: belleza y amor inalcanzables

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Por Anahí Colombón Gálavez

Venecia ha sido considerada por muchos pensadores como una fuente inmediata de inspiración. Los canales que adornan la ciudad, además de darle un aire de exotismo, la convierten en un destino romántico por excelencia. Muchos de nosotros hemos fantaseado con un viaje en góndola a la luz de la luna en este bello lugar en más de una ocasión.

En el caso del escritor alemán Thomas Mann, su breve estancia por esta ciudad lo llevó a escribir en 1912 su novela Muerte en Venecia. A pesar de que la obra gira en torno de dos personajes que se contraponen entre sí, su trama, además de ser rica en descripciones, expone un tema escandaloso para la época: la perfección estética a partir de la contemplación homosexual.

Gustav von Aschenbach es un escritor alemán que decide hacer un viaje con el propósito de encontrar la inspiración que la cotidianidad le ha robado. El destino no podría ser otro que Venecia, un lugar  con un bello paisaje y un clima reconfortante. Pronto Aschenbach se instala en un renombrado hotel de la ciudad, el cual se convierte en el escenario perfecto de la ruptura que el protagonista sufre con respecto a sus tradiciones y su moral convencional.

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 La aparición de Tadzio, un joven polaco de belleza andrógina, le despierta la pasión que por muchos años había permanecido dormida en el escritor. Este joven adolescente se convierte para Aschenbach en un objeto de culto y adoración.

Tadzio representa el ideal de belleza clásico que se asemeja a las esculturas labradas en mármol de las tradiciones griega y latina. Su nariz aguileña, la palidez de su rostro, así como los rizos dorados que enmarcan su rostro, son sólo algunos de los rasgos de la proporción que existe entre la armonía y la belleza en el joven polaco. Estos elementos generan en Aschenbach un amor de tipo platónico e intelectual por Tadzio, el cual no trasciende por el miedo que el escritor posee ante el rechazo del joven.

Como se mencionó anteriormente, esta pasión desmedida se desarrolla sobre el escenario veneciano, el cual es mostrado por Mann de manera ambivalente. Por un lado tenemos la Venecia rodeada por los grandes monumentos de arte, circulada por bellos canales de agua que adornan el panorama; y en el otro extremo tenemos la cara opuesta: una Venecia marcada por un expresionismo grotesco, consumida por la peste de cólera, problema que los habitantes ocultan a los turistas por miedo a generar el pánico colectivo y el abandono de la ciudad. Esta Venecia corrompida es a su vez un reflejo de la vejez y decadencia del mismo Aschenbach, quien al final de la obra se niega a marcharse de Venecia, con tal de permanecer cerca de Tadzio; hecho que lo conduce a la muerte a causa de la propagación de la peste.

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En 1971 el director italiano Luchino Visconti hizo la adaptación de la novela de Thomas Mann al séptimo arte. Con las participaciones de Dirk Bogarde en el papel de Gustav von Aschenbach y Björn Andrésen como Tadzio, esta adaptación se desarrolla a finales del siglo XIX.  En ella se narra la historia de Gustav, un músico que cree firmemente en la inmaterialidad de la belleza. Tras un decaimiento que afecta su salud, decide pasar unas vacaciones en Venecia con el objetivo de que el clima de este lugar le devuelva la vitalidad pérdida.

Es aquí donde Visconti nos presenta a un Tadzio muy distinto del de Mann. En la película de Visconti, el joven Tadzio pareciera tener una afinidad con el músico, aspecto que puede verse en el intercambio de miradas entre ambos personajes. Por otro lado en la película la trama se mezcla con imágenes que parecen sacadas de viejos cuadros impresionistas, aderezados con la música melancólica de Gustav Mahler, quien se asemeja al propio Aschenbach.

La trama concluye con la muerte en la playa del músico, por los efectos de la peste, mientras contempla al joven Tadzio corriendo por la arena.

Muerte en Venecia, más que ser un filme con un discurso homosexual de fondo es una obra que expone los juicios platónicos del amor y la belleza. Para Platón la belleza pura debe estar alejada de los sentidos y de la inmaterialidad que éstos producen. Esta perfección estética resulta inalcanzable para los hombres, por lo cual el alma es la encargada de encontrar la verdad y la belleza misma.

Sin lugar a dudas la película hecha por el cineasta italiano, a pesar de hacer algunos cambios con respecto a la obra original, es una fiel adaptación del libro de Mann. El hermoso paisaje captado por la cámara de Visconti, así como la música de Mahler proporcionan una belleza excepcional a este filme, considerado como uno de los mejores de la carrera de este gran director.

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