Cuando Julian Schnabel hace cine, es un modelo visual a seguir

Antes_que_anochezca

 

Por José Alberto Escalante Rodríguez

 

El cine de Julian Schnabel está empotrado en la imagen. Cierto es que habría que pensar en alguna clase de cine que no se deba a la imagen de cierto modo. Sin embargo, me seduce también la idea de pensar el cine más común, desde cierta centralidad e inclusive obsesión por la narrativa, que termina por dejar la imagen al amparo del contar una historia. Desde mi consideración, el cine aduce una complejidad que no sólo subvierte la narrativa, sino que al hacerlo, la excede.

Por lo menos, me parece que en el cine de Schnabel, la imagen privilegia una evocación a la experiencia de vida; sea la de un pintor afroamericano, la de un poeta cubano, la de un periodista francés. Las imágenes de Schnabel resultan en un homenaje a la vida, tal como cada uno de sus personajes la viven (y la sufren) desde adentro. En este sentido, la interioridad juega un papel central en las temáticas del director. Es la vida interior lo que resulta ser tema recurrente de su tratamiento temático.

Mención aparte, merece Basquiat (USA, 1996) en este rubro, pues dada la cercanía de Schnabel con los sucesos, la obra nos permite echar una mirada al drama interno del neo-expresionismo estadounidense, y digo drama, en cuanto a que tan “americano” pudo resultar asumir artísticamente un “color de piel”, una posición de clase,  la crítica social al sistema (en el caso de Haring), desde la idea de marginalidad.

En otro rubro, la cuestión de si puede encontrarse en las películas de Schnabel algún atisbo de una narrativa solvente, me parece que este esfuerzo queda desmembrado por las posibilidades interpretativas que acompañan la fuerzan de cada imagen que nos presente.

Schnabel toma el cine desde el arte. Él mismo es capaz de pensar que su propuesta nace de la intuición, toma las imágenes por esta expresión de su intuición más personal, deja lo que pudiera estar pensando y anhelando en un segundo plano siempre. Su propuesta, no nos conduce técnicamente a la imagen, sino en términos de una experiencia particular, la del recuerdo. En esta dimensión,  la memoria de un joven pintor, la de un poeta, la de un periodista de Elle, es la que nos increpa hasta la médula. Así, se antoja forzado cualquier intento de tomar cada una de sus historias como biopics.

basquiat

Difícilmente podríamos llamar a este cine, de biopic, pues tanto sus pretensiones como su ejecución rebasan la naturaleza lineal y estática de la biografía. Lo que hace Schnabel resulta más interesante aún, pues pareciera reconstruir las vidas de sus diferentes personajes a través de la memoria. De la suya propia en tanto Basquiat, de la de las páginas entintadas que recogen la experiencia de Reinaldo Arenas o desde lo que nos dejan entrever los guiños de Jean Dominique-Bauby.

Dice Schnabel, que lo que se le ha venido encima al encontrarse con la autobiografía de Reinaldo Arenas, han sido imágenes y más imágenes. Me parece que desde está misma experiencia, es con la que Schnabel construye su cine una y otra vez.  Sus películas están montadas en el recuerdo, y ahí es a donde sus imágenes nos suelen llevar. Este viaje no sólo es metafórico, sino que fecunda en la interpretación, evoca sutilmente un lado perturbador de la vida, el desamparo. En su mayoría, podemos ver retratos del desamparo.

Así, las olas azules del surfista nos hablan de un anhelo de libertad en Basquiat, las avalanchas rocosas, de atrás para adelante, de la faceta con la que Jean Bauby tiene que reconstruirse desde su interior para sobrevivir en el encierro de su cuerpo.  Por su parte, es el cuerpo el que aprisiona al amor en Antes de que Anochezca (USA, 2001), (o mejor debiéramos decir que el “prejuicio al cuerpo”). Es el cuerpo el que aprisiona a la vida en La Escafandra y la Mariposa (Francia-USA, 2007), es el cuerpo el que contiene el espíritu de la creación en Basquiat, tanto en un sentido constructivo como destructivo.

Los cruces entre la memoria y la biografía alumbran el género que se resiste a encajar en su cine. Si ponemos en suspenso lo político que pueda tener el cine; el problema y la polémica central sobre un biopic, es la de que tan meta puede ser. Su realismo se centra en la virtud del nivel de los juicios morales a los que se puedan edificar a su favor o en su contra.

Por mi parte, pienso que  centrar el asunto de una historia de vida en la ética es un error categorial, inclusive se quieren acceder desde proporciones cinematográficas. No sólo es ingenuo, sino equivocado decir que no hay sesgo de por medio en cada intención de hacer y de ver cine, sin embargo, este punto de vista lo dejaremos para otra ocasión, porque por ahora escapa a la lógica de lo que queremos comentar (lo digo de paso, con referencia a la manera en que ha sido recibida Miral (USA, 2010) del propio Schnabel).

El cine de Schnabel se vincula personalmente con la imagen. No en su uso, sino en su constitución. La autoría que Schnabel le imprime a sus filmes, es la autoría y la autoridad sobre las imágenes. Obviar esto, y pensar siempre en un modelo particular de lo que debe ser un cineasta, es decir, en estricto sentido un director, deja de lado la posibilidad de detenernos en la fuerza particular que está detrás de cada filme. Esta fuerza, casi siempre tiene nombre, rostro, un apellido y una vida.

 

 

 

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