Lucha Libre clandestina en el Museo del Palacio de Bellas Artes. A 80 años de su fundación

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Ilustración: Sadik ­

Por José M. Vacah

@JosMVacah

El Palacio de Bellas Artes es un recinto emblemático de esta ominosa Ciudad de México, no sólo por ser un referente cultural de nuestro país sino por su historia negra: esos mitos borrados por la historia oficial que, sin embargo, se resisten heroicamente al hermetismo de una institución que guarda muchas historias jamás contadas. Estos mitos negros gravitan (al mero estilo de un secreto a voces) alrededor de este solemne espacio como moscas azules sobre un pastel.

Renato González Mello, director del Instituto de Estéticas de la UNAM, durante la presentación del libro El Museo del Palacio de Bellas Artes. LXXX años, que se llevó a cabo el pasado 11 de junio en el Palacio, reveló una historia fascinante, uno de estos secretos a voces que custodia celosamente el máximo recinto del arte en nuestro país.

El secreto peor guardado de la historia cultural mexicana:

Yo soy historiador y tengo la obligación de tener una fuente escrita para todo lo que yo diga… Pero voy a contar algo que me dijeron… pero la historia es tan bella que, sea o no cierta, es digna de contarse. La historia me la contó un museógrafo cuando acababa yo de entrar a trabajar en el Museo del INBA. En el sótano  de este hermoso edificio había un ring de Lucha Libre. Este ring lo habían construido unos trabajadores que eran aficionados a este deporte.”

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Ilustración: Sadik ­

Leyenda urbana o mitología propia, esta historia posee un enorme valor simbólico debido a que el Palacio de Bellas Artes ha sido un espacio en el cual converge la enorme, exquisita y contradictoria tradición cultural de México. El mismo González Mello aclara:

Esta historia se volvió notoria porque este es un lugar donde hubo unos debates políticos realmente notables, debates cruciales para la cultura mexicana, entre Rivera y Orozco, entre Rivera y Siqueiros, entre Siqueiros y Lombardo Toledano, Carrillo Gil y el Dr. Atl. Cómo olvidar a Confrontación 66 y a tantos otros polemistas que han conformado la cultura del siglo XX. Nuestra cultura es hija del debate y de la contradicción.”

La alta cultura y la cultura de masas en eterno romance sobre un cuadrilátero en el que hombres enmascarados dedican una danza violenta como la belleza misma. Un Palacio de Bellas Artes construido sobre un ring de Lucha Libre construido sobre un adoratorio al dios dual Ometéotl.

Todo ojo que pose su vista en el majestuoso Palacio de Bellas Artes quedará prendado de la sofisticada mezcla arquitectónica  del Art nouveau de principios del siglo XX y un Art decó propiamente mexicano por sus detalles decorativos. Cuando uno entra y observa los grandiosos murales hechos en una época exaltada del arte mexicano  (el muralismo mexicano hecho institución, resguardado por una memoria consolidada, también, en institución), descubre que la pintura es una realidad aparte, la otra realidad.

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Ilustración: Sadik ­

El Santo, la máxima leyenda de la Lucha Libre, declara en una entrevista: “He luchado hasta en Bellas Artes”. Esta declaración nos lleva a suponer como veraz la historia del ring en el que se hacían funciones clandestinas en el sótano del Palacio, puesto que no hay registro de ninguna función de Lucha Libre efectuada oficialmente en este espacio.

Como parte de una investigación periodística, pude encontrar a un ex trabajador de limpieza del Palacio de Bellas Artes, cuyo nombre no será expuesto por la petición de anonimato del entrevistado, esto fue lo que nos contó:

Es cierto, abajo [en el sótano] había un salón que se mantenía cerrado, pero que tenía acceso restricto [sic.]. Cada fin de semana entraba lo más selecto de la aristocracia mexicana, a ese salón vi entrar a María Félix y al mismo presidente de la república.”

A sus 72 años y con el ánimo visiblemente exaltado, este humilde ex trabajador nos enseña una escoba con unas marcas en tinta negra.  “Es el  autógrafo de Blue Demon”, nos anuncia con los ojos húmedos de recuerdos esplendorosos.

Esta escoba seguirá barriendo por mucho tiempo los pasillos de una memoria fabricada en mármol.

¿Historia real? ¿Patrañas de una época dorada? Júzguelo usted mismo. Se sorprenderá por las maravillas que aún guarda el Palacio de Bellas Artes.

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