¿Quién la tiene más grande?: sobre The Final Member de Jonah Bekhor and Zach Math

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Por Eduardo Paredes Ocampo

Proporcionalmente, el hombre tiene uno de los penes más pequeños de todos los mamíferos. La garantía de aparearse –ventaja de su asociación– ha reducido a unos cuantos centímetros, a ni siquiera un puño, el carácter de los primates superiores. Como si, con la pérdida, su orgullo creciera, el carácter violento se les exacerba en compensación: no hay animal más celoso que el gorila. Invisible tras su afán de dominar, un trauma tan arcano como cuando abandonó el bosque persigue al hombre –y lo bien dotado de sus primeros dioses, de sus Príapos lo prueba.

La trama del documental The Final Member (2014) se reduce a algo así de primitivo. Dos narrativas se entrelazan alrededor de uno de nuestros primeros actos de conciencia: medírnosla. ¿Será que la competencia, retórica bajo la cual la cultura contemporánea se piensa, está reducida a quién y por cuánto más grande la tiene? Porque los dos personajes principales, Pall Arason de Islandia y Tom Mitchell de EUA dan cabida a pensar que esta obsesión fálica trasciende las barreras culturales para convertirse, con el lenguaje, la risa y el arte, en otro universal humano. Siendo comparárnosla un acto tan natural, ¿por qué devino tabú?

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Precisamente sobre esta pregunta vuelve, una y otra vez, la película, pues uno de los primeros comentarios que escuchamos de Sigurdur “Siggi” Hjartarson, dueño del único museo del mundo dedicado al pene en Islandia, versa acerca de cuan normal es su afición. El interés por borrar cualquier trazo de anomalía se muestra en escenas donde lo cotidiano resalta: en un momento tenemos a “Siggi” cocinando para su esposa; en otro el atento marido nos muestra los souvenirs de su tienda –saleros en forma de pene, tallados por él mismo– como si de pequeñas torres Eiffel se tratara. Pero, ¿cómo dudar de que de un raro se trata cuando, ante la cámara, “Siggie” confiesa que, antes de morir, desea terminar de traducir a Bartolomé de las Casas y obtener un pene humano para completar su colección? ¡De las Casas! ¡En Islandés!

Sin embargo, aún en este mundo de pluralidades, nadie actúa solo al cien. Pall Arason, un viejo explorador islandés, decide, una vez muerto, donar su virilidad al fálico proyecto. Además, del otro lado del Atlántico, Tom Mitchell se une a la contienda con “Elmo”, su pene. Cuando la preocupación cunde en ambos, pues nadie quiere ser el segundo pene humano del museo, el documental traza magistralmente su arco narrativo.

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Algo reservado a los dioses o al héroe trágico queda reducido a seguir la peripecia de quienes, para muchos, son simples lunáticos. Al lograr mantenernos tensos alrededor de esa insignificancia, Jonah Bekhor y Zach Math demuestran la fuerza de la construcción artística y de la credulidad a la que lo bien contado nos condena. La forma opaca al contenido y el tiempo pasa sin creerlo, por lo trivial de los plasmado, perdido.

The Final Member posee tres dones que apreciamos en el arte moderno: con particularismos, versa acerca de lo universal; tratando al tabú como cotidiano, escandaliza; valiéndose de casi nada, urde casi una ópera. Seres desde nacer acomplejados, crear quizá sea otra forma de agregarnos centímetros, de, con pulgadas, curarnos el ego.    

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