Rosenvinge o la musa indie con un toque industrial-romántico

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Por Luis Omar González Pérez

En México es una artista de culto, pero en España  se le ha dado la oportunidad de abrir paso a la generación de cantantes femeninas  con propuestas solidas  que van más allá del ámbito comercial. Christina  Rosenvinge no es sólo la musa indie del viejo continente, sino  una de las artistas que, aún después de tantos años de carrera, sigue desafiando al escucha, buscando  nuevas víctimas y sobre todo, parece que está hablando en tu idioma y al momento.

“No es el fin del sueño europeo lo que hizo esta canción” se escucha en el track La Absoluta Nada,  que pertenece al  más reciente trabajo de Christina Rosenvinge, Lo nuestro, que podría traducirse a una frase personal, de una pareja. Lo cierto es que el título es una invitación a ver que los problemas que parecen ser sólo de unos cuantos, están presentes en la sociedad y no deben ser ignorados.

Producido  por Rosenvinge en  co-producción con Raul Fernández “Refree”, supone uno de los pasos más arriesgados e interesantes de su carrera, donde  cumplir 50 años parecería ser la excusa perfecta para componer  un disco personal y reflexivo, muy en plan de recuperar y ver hacia atrás todos los logros y fracasos cometidos. Sin embargo, lo que  sucede aquí es un disco que habla de todos, que encuentra en la grave crisis social y financiera de su país, una excusa para cuestionarse y aceptar los problemas como “nuestros”.

Musicalmente  el disco  ha sido compuesto a través de un  ipad, donde durante 2 años Christina se sumergió  en un proceso de composición en el cual  pretendía darle  un  toque “industrial romántico” a  sus  letras que  gozan  de tintes oscuros, directos y que por  todas partes señalan al escucha. En una revaloración de su primera etapa, donde las guitarras inundaban su sonido, con las letras reflexivas y poéticas de sus últimos dos discos.

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 El track  inicial La Tejedora, está inspirado  en la obra de Louis Borgois y su araña gigante (hace algún tiempo instalada en el Distrito Federal) como un comentario a los  roles que marca la sociedad  hacia las mujeres. Mientras que en Alguien tendrá la culpa,  un coro infantil  acompaña una canción donde Christina  cuestiona  quien es el responsable de lo que  pasa en la sociedad actualmente.

A partir de ahí vienen momento donde la cantautora gusta de ponerse a la par con el escucha, Lo que te falta, habla de un  hombre que lo tiene todo pero no puede explicar su tristeza; en Segundo Acto, habla de un hombre normal que parece estar huyendo de la realidad. Todo ello aderezado de momentos  donde la guitarra se vuelve protagonista de un romanticismo cuasi gótico, cuasi pop, en un producto netamente homogéneo.

Quizá el tema más personal  viene con La muy  puta, canción donde  Christina se burla de todos  aquellos  que  la molestan  con su aspecto  y su edad, “que bien se conserva murmuran al pasar,  cual lata de atún guarda un silencio sepulcral”,  y donde la muerte y ella se enfrentan en una eterna discusión acerca de si es o no el momento  de la primera  venga por la segunda.

Sin duda alguna, una de las sorpresas del año, uno de los mejores discos de su carrera, y una clara llamada de atención para los que aun consideran que las mujeres no pueden (o  no deben) hablar de asuntos  que parecen competer a unos cuantos, el  pop se ha convertido  en un arma más para reflexionar, esta vez  desde adentro hacia afuera.

 

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