Chery bomb de Tyler the creator es como cinismo a la vieja escuela

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Por Luis Omar González

Durante mucho tiempo el colectivo ODD Future representaba la otra cara del hip hop, hoy a casi 10 años de consolidación es momento oportuno para preguntarse ¿hacia dónde se dirige Tyler the creator?, y es que como productor hemos visto que tiene talento, consistencia, y una habilidad para hacer de las “no melodías” un recurso efectivo para temas con potencial pop que cualquiera podría utilizar, incluso el propio Tyler se muestra decepcionado de que no lo llamen las estrellas pop como Justin Beiber, de quien recibió un no como respuesta.

 Después de Wolf (2013) el rapero tenía la difícil tarea de reinventarse y esta vez lo hace solo,  bueno sin el apoyo del colectivo que lidera,  pues ninguno de sus integrantes aparece en el disco. Por el contrario Cherry bomb es la antesala de la posible dirección del rapero hacia caminos mucho más maduros y con suerte  mucho más reflexivos, por supuesto, todo dentro del contexto del artista, es decir lleno de bromas, sarcasmo  y mucho cinismo que abanderan una generación de raperos que están abordando los técnicas de la vieja escuela, pero desde una visión post-digital.

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El track inicial es  Deathcamp, donde guitarras punk adornan la que es tal vez la canción más “Tyler”, pues conserva el tono agresivo de  sus primeras producciones, y al mismo tiempo suena actual. La primera parte del disco conserva los mejores trucos de producción (Buffalo y Pilot), mientras que la canción que da nombre al disco, es un homenaje al electroclash de los últimos años. El verdadero problema de Tyler es algo que pasa con artistas como Eminem (más notorio a partir de Encore) han hecho de sus letras su sello característico, pero al mismo tiempo, ambos se han convertido en una parodia de sí mismos. Las letras de Tyler continúan con las escenas gráficamente sexuales (blow  my load), insultos homofóbicos y  alusiones de pubertad (Okaga), que funcionan, pero que cada día lo acercan más a ser presa de su propio personaje.

La prueba más fehaciente de todo esto es Smuckers, donde hacen gala de su talento Lil Wayne y Kanye West, quienes le roban el protagonismo a Tyler, quien parece perder dureza a su lado. En Keep Da O’s, la producción de Pharrel se come lo opaca de sobremanera, dejando en claro que este es un trabajo de transición. En Fucking Young, primer sencillo, está claro que existe futuro para un rapero de su calibre y que además  tiene un don para la melodía, que combina con una letra absurda que viene a probar que aun los tipos más rudos tienen su corazón.

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En pocas palabras es el disco menos homogéneo del artista y eso es un arma de doble filo, si bien Tyler está confundido, también es cierto que al final del día, no se une a las modas de los demás, él tiene la oportunidad de ser como quiere ser y ahí está la prueba en su música, probando el por qué es el  indiscutible líder un colectivo  que  busca  recuperar la dignidad del hip-hop.

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