Pelo malo, la cruda ansiedad de Venezuela

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Por Fernando Cervantes Radzekov

Pelo Malo (2013), film de la directora Mariana Rondón, ganó la Concha de Oro de San Sebastián el año pasado en Venezuela. Contó también con cinco nominaciones al Premio Iberoamericano de Cine Fénix y ha recorrido distintas partes del globo presentándose en distintos festivales y gozando de mucho éxito. El pasado martes 4 de noviembre se presentó en México, en el Cinépolis Diana, y LINNE Magazine tuvo la oportunidad de estar ahí.

Las primeras escenas nos muestran edificios altos que se dividen en miles de cubos pequeños; son departamentos aglutinados donde se vive la pobreza de una Venezuela llena de aspiraciones cortadas. No hay banda sonora, sólo el excesivo ruido de la ciudad. El paisaje es enteramente de cemento y desde los balcones y ventanas se ven las caras sucias, tristes y cansadas de hombres, mujeres y niños paupérrimos y amontonados. Es ahí donde la historia de Marta (Samantha Castillo) y Junior (Samuel Lange) cobra vida. La madeja de la historia comienza por una fotografía que Junior quiere para la escuela, sin embargo él no acepta los cánones sociales que designan la masculinidad: ser militar. Su sueño es distinto. Busca agradar a su madre posando como un cantante pero tiene un grave problema: su pelo es rizado en vez de liso como un verdadero cantante. Tiene el pelo malo.

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La cinta discurre en los intentos de Junior por agradar a su madre; sin embargo, ella ve en sus intentos un signo de ambigüedad sexual que le es desagradable. La violencia que se aprecia en la pantalla es terrible: el silencio de la madre, los ojos clavados de Junior en el rostro frio y duro que, pese a saberse despreciado, nunca dejará de amar. Comenta la directora que pese a creer que este conflicto entre madre e hijo era exclusivo de América Latina, en todas partes donde ha presentado la película ha visto como el público se identifica con los personajes; porque no es exclusivo de una cultura ni de un tiempo, siempre el hijo busca agradar a los padres y los padres siempre esperan algo de los hijos y casi siempre (sino es que siempre) se sienten defraudados.

La cinta también muestra las relaciones de estos personajes con la sociedad. Por un lado Junior siempre está jugando en compañía de su amiga (Maria Emilia Sulbarán), la cual también sigue el estándar social para las mujeres: sueña con ser Miss Venezuela para que su suerte económica cambie, pero por el momento sufrirá las burlas de sus vecinos cuando la miran en vestidos tratando de mostrar majestuosidad. Otro de los personajes con los que interactúa Junior es el vendedor de periódicos, un muchacho que juega al basquetbol en la cancha del barrio; es su único modelo masculino aceptable pues, a diferencia de los demás hombres, él lo trata bien, como si Junior fuera el hermano menor.

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En el caso del personaje de Marta, su vida es más cruda y vemos cómo apenas y puede mantenerse en pié psicológicamente hablando. Viuda, madre de dos hijos (además de Junior tiene un bebé), sin familiares cercanos más allá de su suegra con la que no se lleva bien y para colmo recientemente desempleada. Esto último, el dinero, es lo más preocupante para ella o para cualquiera en sus condiciones o en el medio social en el que vive. Ruega para que se le devuelva su empleo de vigilante y se rebajará a todo con tal de conseguirlo y poder mantener a sus dos hijos. La desolación de ella es grande, a pesar de la pérdida de su esposo siente la necesidad de amor, de humanidad, y sólo lo completa con los encuentros casuales con un vecino joven.

Por último el personaje de la abuela (Nelly ramos) es muy importante, pues parece ser la piedra angular entre los deseos de Junior y la preocupación de Marta. Ella consiente el anhelo de Junior pues comprende que el destino de las armas causó la pérdida de su hijo (padre de Junior) y no quiere lo mismo para su nieto. Le cose un traje de cantante pero Junior siente que es un vestido. “Yo soy hombre y no quiero un vestido”, se le escucha decir al niño. La abuela simplemente quiere consentirlo pues quiere que se quede con ella y la cuide, motivo por el cual Marta está en contra de su suegra.

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Finalmente Junior se verá obligado a decidir entre complacer a su madre a su manera u obedecer las reglas tajantes de su madre, que en sí, son los mismos estándares de la sociedad: “un hombre se ve mejor de militar”, como el fotógrafo le asegura a Junior al inicio de la cinta.

 

lf.cervram@gmail.com

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