Tinariwen, la música y la tristeza del desierto

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Por Miriam Sanabria Colin

De la tierra árida que tapiza las planicies de Mali a través de los aires arenosos y cielos  brillantes que expulsa el abrasador desierto del Sahara hace treinta años nació, creció y sobrevive una banda que lleva los desiertos del mundo en su nombre y que monta camellos aún con espíritu Tuareg. Nómadas sobrevivientes de tormentas de arena, Tinariwen se mueve en la escena musical internacional con un lenguaje enigmático e incomprensible para la mayoría, pero místico para todos, su blues africano pasó de ser un fetiche exótico a ser un culto melancólico y sensible a una cultura que intenta sobrevivir al extremismo religioso, la guerra, la pobreza y la devastación natural.

Los inicios de la carrera de Tinariwen se ubican en la zona norte del Mali; pertenecientes a los grupos nómadas Bereberes del desierto del Sahara, su música empezó a ser conocida a nivel mundial gracias a la incorporación del grupo en festivales de renombre donde dieron a conocer su propuesta, cuya estructura musical se mueve por los sonidos del blues, el folk y el toque de instrumentos clásicos como la guitarra eléctrica y acústica, ambos fusionados con los componentes de la cultura subsahariana que se caracteriza por polirritmos largos, tamas (tambores parlantes) y elementos de viento como flautas. Otro de los elementos de seducción de Tinariwen es la interpretación en su idioma natal, el tamazight, una lengua tonal denominada lengua Bereber, y las letras de sus canciones que si bien son inentendibles para la mayoría, abordan temas de la tierra, las travesías por el desierto, la mística de la muerte y la vida y lucha por la independencia.

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Tinariwen cuenta hasta el momento con seis producciones de estudio, la primera de ellas “The Radio Tisdas Sessions” (2002), grabada de manera fortuita y con energía solar  en casete por algunos habitantes de Tuareg y posteriormente en Radio Tisdas, cuya distribución mundial fue gracias a la aparición del grupo en Le Festival au Désert en 2003. En el 2004 llegaría una producción que le valió a la banda  el reconocimiento internacional: “Amassakoul”. Sin arreglos de estudio, este disco demostraba lo que la banda hacía de forma emocional y completamente natural, un disco con una inclinación al rock sin perder sus cimientos culturales, lo mejor Chet Boghassa.

“Aman Iman”, trabajo lanzado en el 2006 y producido por Justin Adams, guitarrista y arreglista de blues africano, fue grabado en Bamak, capital de Malí.  “Aman Iman” tiene una estructura más sutil,  rompe con el esquema rockero de su predecesora producción, en él se ajustaron ritmos armoniosos y pegadizos, síntoma del momento de éxito que vivió la banda con en su proyección internacional y la realización de un documental titulado “Teshumara, les guitares de la rébellion touareg” del realizador Jérémie Reichenbach. “Imidiwan: Companions” llegó en el 2009 con una fuerte carga melancólica; este disco contiene la presencia del rock de una forma mas desenfadada y las canciones se hacen acompañar de rifs de guitarra improvisados, pero nunca fuera de lugar; el mismo año de su lanzamiento el grupo realizó presentaciones en el Festival de Glastonbury.

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“Tassili” (2011) es el salto más grande de la banda, tal vez su mejor álbum y el que les valdría la denominación de “la mejor banda del mundo”, el nombre se deriva de una región de Argelia donde el álbum fue grabado en la profundidad del desierto en cierta parte para no olvidar sus orígenes. “Tassili” tiene una posproducción más refinada e intervenida por arreglistas como David Odlum, las canciones fueron ejecutadas con el acompañamiento de reconocidos guitarristas y multi-instrumentistas como Nels Cline y Kyp Malone: el resultado es un disco complejo, cargado de nostalgia y genialidad.

En el 2014 lanzaron “Emmaar”, material grabado en Estados Unidos y cuyas canciones son totalmente obra de su líder, cantante y compositor Ibrahim Ag Alhabib. En este disco se nota la crudeza del exilio en el que ahora viven los integrantes de Tinariwen, el blues del desierto se vuelca a una estructura profundamente sentida, la lucha incansable por conservar su esencia, pero a la vez para evolucionar musicalmente. La lírica en esta ocasión camina por el terreno de la ira y la desesperanza por una tierra en conflicto y cierra con el anhelo y la esperanza de regresar.

Tinariwen es una banda conformada por ex guerrilleros rebeldes que luchaban por conservar su tierra y su cultura. Antes la lucha se hacía con armas, ahora se hace con algo más poderoso, una música que trasciende fronteras, que pelea y responde al enemigo: “Este dolor es una carga, ojalá mi celda se convirtiera en una llanura abierta”.

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