¿NARCISISTA TÚ? SÍ

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Por Efigenia Mendiola

Todos hemos pasado vergüenzas en estado de ebriedad, de enamoramiento y de ignorancia. Ni tú ni yo somos la excepción. El ímpetu por querer salir de la ignorancia y tomar decisiones sensatas nos hace personas, al menos, más conscientes. Dicen que la curiosidad mató al gato. Desde niña he sido curiosa por aprender cosas nuevas pero afortunadamente no he muerto por ella; pregúntenle a mi maestra de tercer año de primaria, quien fue testigo de mi fallido intento por hacer que los peces en una pecera hicieran burbujas con jabón para manos o a mi madre quien convenció a mi padre de usar doble preservativo la noche que fui de viajar en el aire, a viajar dentro de su vientre. Estoy aquí porque tuve la curiosidad de vivir. Cuando existe la voluntad por conocer y aprender, existe la oportunidad de sensibilizarse como ser humano.

Mi curiosidad me llevó a conocer a The Narcicyst (El Narcisista).

A The Narcicyst no lo conocí en un antro ni en un concierto. A él lo conocí en O’Hare international Airport. No, no lo vi, pero lo escuché y para mí fue suficiente para indagar más sobre quién era.

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Eran las once de la mañana e iba abordar un vuelo para Houston en unos minutos. Una vez que abordé el avión me percaté de que las siguientes dos horas y media iba a ir sentada en medio de dos jóvenes hijabis (mujeres musulmanas que usan el velo). Ellas se veían muy elegantes con su velo y vestían un carisma capaz de robar suspiros de quienes las llegaran a conocer. Sin embargo, no todos las veían de la misma manera que yo. Muchos de los pasajeros las veían con terror como si en cualquier momento estas “terroristas” fueran a explotar y ensuciar sus zapatos Prada con las vísceras de Al-Qaeda. Cuando despegó y aterrizó el avión, estas dos jóvenes me agarraron de la muñeca y ¿rezaron? Me sentí incómoda y por un momento pensé que algo…o alguien explotaría (nótese aquí mi pensamiento ignorante). No entendía sus plegarias pero las acompañé con un salmo y en ese momento no éramos diferentes, éramos un solo ser con los mismos defectos y virtudes. Éramos hermanas.

A partir de las injusticias hacia la comunidad árabe, surge un hip-hop de resistencia denominado como Conscious Hip-Hop Arab Resistance con raperos de Siria, Jordania, Palestina y Egipto. Este hip-hop es una fusión de ritmos de oriente y de occidente, es decir, rapean en inglés y en árabe. Utilizan la música como un medio de resistencia en contra del opresor que ha creado un colonialismo interno; un colonialismo capaz de imponer sus leyes pero que jamás podrá arrebatar la voz de un pueblo.

Una de las jóvenes, Amira -jamás olvidaré su nombre- me presento a The Narcicyst, un rapero del Conscious Hip-Hop Arab Resistance, canadiense, de origen Iraquí, a través de su iPod Nano. Yassin Alsalman, The Narcicyst, aparte de ser rapero, es periodista, ingeniero y catedrático en Concordia University. Sus canciones han causado controversia en Estados Unidos y es casi considerado un héroe en la comunidad árabe. En sus canciones destacan los temas acerca de las injusticias y asesinatos por parte del gobierno israelí hacia el pueblo palestino; las atrocidades por parte del gobierno estadounidense hacia los prisioneros iraquíes en la “guerra contra el terrorismo”, entre otros temas y precisamente por eso, se llama El Narcisista. En sus canciones habla acerca del narcicismo del gobierno de una nación donde hace todo lo posible por conseguir su objetivo, el cual consiste en beneficiarse en aspectos económicos y territoriales a las desgracia de otros. La necesidad de tener el control se convierte en algo primordial y si no se obtiene, se llega a la irritabilidad, el miedo al fracaso y la impotencia de formar relaciones entre personas. Esto sólo incita más apatía y violencia. ¿Suena familiar?

En pleno siglo XXI estamos viviendo en la posmodernidad más narcisista que cualquier modelo de pasarela en fashion week. Perdón, eso también es igual de posmoderno. La cultura del yo, la pérdida de todo sentido y la indiferencia de la gente ante una realidad que implica tomar parte de la responsabilidad como un miembro más en la sociedad, sólo conlleva a la muerte de una identidad propia, y por ende, la muerte de la afirmación de ella. Se presenta una impotencia y cobardía al presentarse a un futuro incierto. Occidente impone su narcicismo con todo el peso de su deshumanización no únicamente sobre la sociedad sino sobre ellos mismos también.

Después del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos y las otras grandes potencias, les cerraron la puerta y discriminaron a los árabes peor que la gente intolerante que les cierra la puerta a los testigos de Jehová en un domingo por la mañana. Los medios de comunicación distorsionaron la doctrina del islam y la cultura de los árabes. Toda mujer que usa hijab, niqab o burqa e incluso cualquier persona con nombre musulmán, son calificados como terroristas por doquier. En los aeropuertos son tratados como delincuentes y son más cuestionados que la paternidad de un hombre en programa nefasto en donde la gente va a pelearse en televisión nacional. En las calles, en el transporte público, en las escuelas y en el trabajo no faltará la ignorancia que salga del cesto del baño y les grite terroristas, Al-Qaeda, explosivos, entre otros sobrenombres denigrantes. Asimismo, The Narcicyst es uno de muchos raperos de este nuevo movimiento musical, que han manifestado su inconformidad con ciertos aspectos sociales y decisiones del gobierno que tienen al opresor agarrando al pueblo por el cuello y alimentándoles la sangre derramada por su propia gente.

Cuando me despedí de Amira y Qamar, sentí la necesidad de abrazarlas fuerte, y lo hice. Cada uno de nosotros somos una pieza de un rompe cabezas que necesita ser completado porque todos somos una unidad, una raza y un corazón. Como dice el escritor estadounidense Mark Twain: “La historia no se repite, pero rima”.