La locura improvisada de Godard contra la rutina asesina

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Por Romi TO

En la cinta Pierrot Le Fou, y como en todas las suyas, Jean-Luc Godard pone al espectador al bordo del abismo, haciéndolo cómplice y testigo de la locura que improvisan los protagonistas. Los hombres piensan, las mujeres sienten, ese es el discurso que desarrolla esta cinta francesa de 1965.

Un hombre aburrido de su cotidianeidad decide escaparse con la nueva niñera que ha contratado su esposa. Ambos necesitan chispa en su vida, el tipo de chispa que sólo la aventura improvisada es capaz de satisfacer. Sin dinero y con dos maletas, deciden vivir y dejar atrás el materialismo que consume a los seres humanos.

Todo hombre lleva una mujer dentro de sí, eso lo sabe a la perfección Godard, que en la cinta acompaña a Ferdinand –Pierrot-, de una hermosa mujer llamada Marianne. Esa mujer que suele meter en problemas a los hombres y por la que muchos han llegado a perder la razón.

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Marianne y Ferdinand deciden viajar por carretera para poder encontrar al hermano de Marianne y que les provea del dinero necesario para poder realizar un viaje a Italia, Las Vegas, qué va, cualquier destino es bueno.

La rutina asesina es el peor enemigo del hombre. Si la sientes en tu vida, coges el carro y te largas a cualquier lugar en el que nadie te conozca, donde nunca hayas estado y vives, así de sencillo, te dedicas a vivir.

¿Cuán difícil es vivir? ¿Por qué nos esforzamos en ganarnos la vida si ya la tenemos ganada desde que nacimos? Tememos al silencio, ignorando por completo que en silencio nos conocemos. Del amor ni se diga, tenemos terror de amar y salir heridos.

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“Tú me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos”. Cita Marianne. No es justo, si te entregas, mereces ser recibido y correspondido. Los hombres no pueden ser amigos de las mujeres, eso nos dicen todo el tiempo.

Y así Gordard va haciendo de la cinta una confusión, como esta nota, que después de ver el cine de este emblemático director, ha quedado confundida sobre el verdadero sentido de la vida. La vida en sí. ¿Tiene que tener un objetivo siempre, o puedo vivir sin saber para qué lo estoy haciendo? ¿Puedo volver a ser una niña que todo improvisa? Porque si me está permitido lo voy a hacer, y si no, también.

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