Sabotaje al rock racista mexicano: Arreola + Carballo

Por José M. Vacah

@JosMVacah

arreolacarballo

En 1957 Elvis Presley declaró en una entrevista que prefería besar a tres chicas negras que a una mexicana (“I’d rather kiss three black girls than a Mexican”). Aquí en México somos racistas también, pero nosotros alentamos la discriminación contra nosotros mismos. Por más increíble que parezca, el mejor enemigo de un mexicano es un mexicano. Y tal vez no existe peor forma de discriminación que la que ejerce un ser humano sobre su propio pueblo. Tratándose de música, gran parte de los mexicanos aplican la frase del rey del rock: prefiero escuchar a tres bandas negras que a una mexicana.

                Hace poco leí en una revista un artículo de un cuate que aseguraba que en este país se sigue el siguiente mantra: “primero yo, después yo y hasta el final yo”. Yo creo que es cierto, por eso tiene tanto éxito el sistema político mexicano, fundamentado en la consigna de “chingar lo más que se pueda a los otros”. Por este detestable sentido del “yo” mexicano, hemos caído en la más desagradable y horrenda corrupción política, social y moral.

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                ¿Qué nos cuesta ser más respetuosos con nuestros semejantes? No todo en la vida se trata de ser el mejor y siempre el mejor, a costa de los otros. Esta mentalidad de “ganador” es una más de las mentiras que nos hace creer el sistema capitalista para despellejarnos como animales hasta quedar convertidos en máquinas que no razonan por sí mismas, que sólo sirven para trabajar. Máquinas mexicanas traga nopales fluorescentes. Dice una canción mexicana “y nos cambiaron nuestros magueyes fluorescentes por espejitos de plástico pirata”.

                Muchas bandas mexicanas tienen que salir del país para ser escuchadas. Si a esto le sumamos la casi nula existencia de una hermandad entre bandas mexicanas. Sí existe, pero es muy poca, cada día se están realizando enormes esfuerzos entre ciertas escenas musicales underground para cambiar el egocéntrico ninguneo mexicano. Una de las prácticas más nacionales es el ninguneo, nos gusta ningunearnos: que el arte mexicano es chafa, que la poesía mexicana es chafa, que el rock mexicano es chafa, étc.  Si una banda sale del país y tiene éxito en el extranjero ahora sí la escuchan, ahora sí vale la pena, ahora sí hay que hablar de ella, hay que publicar reseñas, artículos, enseñarla, presumirla, compartirla ¿Por qué es así esto? Porque si lo dice un extranjero entonces sí.

                ¿Qué nosotros no podemos decir esta boca es mía?

                Yo por lo pronto, sí me siento contento de presumir una banda con una propuesta que huele a tierra húmeda y a hierro. Una banda que estalla y provoca con la sonoridad de la buena poesía y los riffs del buen rock progre.  Me atrevo, según mi propio juicio de borracho, a decir que esta propuesta musical vale la pena escucharse, aunque algunos luego luego arrisquen la nariz. Esta banda es una propuesta con muchos huevos en un país donde todavía está mal visto ser indígena: Arreola + Carballo. Donde muchos ignorantes todavía creen que el náhuatl es un dialecto.

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                SI es difícil  para una banda mexicana hacerse escuchar, imaginen lo difícil que será para una banda “indígena” tener escuchas. Guácala, dirán algunos, rock en náhuatl, en otomí, en zapoteco, en étc; eso no es rock, dirán, el verdadero rock es en inglés, dirán. Por su racismo los conoceréis.

                Aunque Arreola + Carballo no es una banda %100 indígena (como señalan los puristas), sí lo es. Porque para ser indígena no se necesita ser moreno, o chaparrito, o hablar náhuatl o alguna otra lengua “ajena al español”. Todos somos indios aquí en México, aunque algunos se muerdan la lengua.

                La propuesta de esta banda es explorar el universo sonoro del náhuatl. La banda la componen los hermanos Arreola (Alonso y Chema) quienes tienen una amplia trayectoria en el rock  y la vanguardia sonora en México, y el poeta indígena Mardonio Carballo, uno de los más grandes artesanos de la palabra florida.  Este proyecto es “poesía extendida”, como lo señalan los propios integrantes de este power trío. Es un canal musical vertiginoso donde la palabra flor se fusiona con la improvisación del jazz, el progresivo, la música tradicional y  la electrónica para estallar en la conciencia sonora de los escuchadores.  Tú escuchas Arreola + Caraballo e inmediatamente sientes el putazo en la conciencia, primero dices. “ah chinga, qué lengua es esta” y posteriormente, tus labios pronunciarán, “qué bruto, qué chingón suena”. ¡Pues es poesía!, así es la poesía, independientemente de la lengua en que esté escrita o cantada. No se asusten, ya sé que no les gusta leer poesía, es más ni siquiera saben qué es poesía. Poesía era tú. Pero también poesía son las rolas de esta banda.

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                Este proyecto musical es transgresor en sí mismo. “Las lenguas indígenas tiene que salir de eso que es una sociedad racista, como la mexicana”, señala el poeta Mardonio Carballo. Aquí su carácter transgresor: visibilizarse.  Aparecer en un medio donde sólo existían por su ausencia.

                Carballo ha explicado que la idea de hacer canciones en náhuatl con ritmos como el rock, el jazz, la música electrónica y experimental es que “en México se hablan más de 60 lenguas y tendría que ser normal que se hiciera rock, hip-hop, cumbias, poesía, cómics o pornografía en náhuatl. Eso daría cuenta que es una lengua viva”. Porque el náhuatl es una lengua viva, aunque sorprenda a muchos. No, el náhuatl no es una pieza de museo, niños.

                Finalmente diré que Arreola + Carballo es un sabotaje al racismo del rock mexicano. Y si no me creen, chéquenlo por ustedes mismos:

 

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