De carroñeros y ocasos: breve interpretación del video musical moderno

TheBK_WeightofLove 

Por Eduardo Paredes Ocampo

@e_paredesoc

Le roi est mort, vive le roi! Desde 1422 los franceses asentaron lo que The Buggles repetiría en 1979: “Video killed the radio star”. No sólo los galos y los ingleses marcan el acenso de un nuevo orden, también establecen el principio básico del ser. La vida en carroña se encarna. El rezo es del porvenir, no de la memoria, producto: tan poco pueden los muertos contra su progenie.

En los 80 y 90’s, nuestra generación alzó a un nuevo rey. Pocos fueron los que, nacidos en aquellas décadas, no recibieron gran parte de su educación sentimental, cada tarde, viendo “Los 10 más pedidos”. Fue la época dorada de MTV. Sin embargo, el crecimiento del Internet y, sobretodo, la aparición de Youtube en 2005 pronto guillotinaron el régimen nostálgicamente seguido por VH1. Sus cenizas, empero, servirían para fertilizar el terruño de otro monarca.

A un año del cambio de milenio, el video de “All the Small Things” de Blink-182 critica al tiempo que homenajea su legado. Quienes nacieron justo entonces, un poco antes o después (personalmente he realizado la prueba) entienden alguna u otra referencia (la cursilería de los Backstreet Boys; la supuesta inocencia de la joven Britney), pero nunca el sentido total de la época: la nostalgia tristemente es intransferible.

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La efectividad de Blink-182 viene precisamente de explotar a un público religiosamente asiduo al video-clip. Hoy, incoherente parece la espera que padecimos, video tras video, canción tras canción, para por fin poder escuchar cuatro minutos de Bloodhound Gang o Linkin Park. Mientras, terminamos memorizando un recorrido tan diverso como el que va de Cristina Aguilera a Metallica. Al contrario, Youtube permite la selección, y la parodia, siendo tan limitado nuestro repertorio, parece imposible.

Sin embargo, The Black Keys logró con sus dos últimos videos “Fever” y “Weight of Love” lo que Blink-182 con “All the Small Things” en 1999. Antes que nada, entendamos la paradoja que representa el imperio de los canales de reproducción de videos por Internet (la misma, en parte, de las redes sociales). Frente a la televisión de paga de MTV, el Internet ha abolido tal cantidad de limitantes sociales que en muchos países se le considera ya un derecho humano: el antiguo régimen cae ante la democracia. Viene entonces el culto y algunos videos –el pug que dice “I love you”; el Ice Bucket Challenge- devienen virales. Frente a un consumo global, Youtube obvia la espera y, permitiendo la selección y aislando gustos, realza el individualismo.

“Fever” presenta a Dan Auerbach, vocalista de la banda, presidiendo una congregación de creyentes con Biblia en mano. Filmado a manera de la televisión cristiana, el video linda con el infomercial: enfáticamente el pastor demanda fidelidad mientras un número telefónico aparece para contribuciones. El “Fever got me aching” de los líricos deviene no un fervor amoroso sino un arrojo místico, comparable al que tienen los filmados al final del video.

“Weight of Love” empieza precisamente con la toma de una televisión transmitiendo el video de “Fever”. La cámara poco a poco se aleja y nos revela a un grupo de mujeres vestidas de blanco viendo a Auerbach predicar. A continuación, bajo hermosas paisajes y repentinos desnudos, la lente de Theo Wenner nos narra un día en la vida de un culto.

¿Culto hacia el predicador representado por Auerbach o hacia el video “Fever” de The Black Keys? Un fervor tal y la gran historia de milenaristas cristianos del siglo XX debe guiarnos quizá a la primera solución. Pero implícita encontramos la segunda: el sumo alcance, en secta, de un video devenido viral. La democratización del entretenimiento posibilita un mayor control de las masas y “Weight of Love” parece -nada más que con la supermodelo Lara Stone- poéticamente implicarlo.

Sin embargo, para avalar cualquier lectura tenemos que acudir a la particular secuenciación, basada en la elección individual del medio. Youtube o Vimeo permiten rápidamente buscar “Fever”, la historia de un apasionado pastor, para comprender la sumisión de las mujeres en “Weight of Love”. En esta crítica y evidencia de las costumbres del internauta (lo que Blink-182 hizo con los telenautas de antaño) late el viejo Le roi est mort, vive le roi!

La parodia es, antes que nada, un recurso carroñero. Cuando un canon artístico está por expirar, devora, para su propio sustento, al moribundo. Tiburón, hiena, Quijote. Retrospectivamente, “All The Small Things” fue parte de ese engullir –su gracia resulta de sanguinariamente patetizar al otro. Quizá somos demasiado contemporáneos a The Black Keys para afirmar que sus videos muestran el ocaso de una época (por otro lado de una vida sumamente breve). Sin embargo, “Fever” y “Weight of Love” pueden augurar ya el rastro, las señas que, en su fuga, dejará el agonizante.

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