Top 10 musical inspirado por la dialéctica entre la muerte y la resurrección

 

Preoccupations

Preoccupations

Por Eduardo Paredes Ocampo

 

El prólogo y el epílogo del año musical o, para usar términos más adecuados, el prefacio y la coda, fueron dictados por la muerte. El 10 de enero de 2016, a días de el lanzamiento de su último disco, Blackstar, David Bowie murió a sus 69 años. Inserta en el álbum, está “Lazarus”, una canción que le sirve de réquiem. Once meses después, Leonard Cohen –después de polémicamente afirmar que estaba listo para morir– fue encontrado sin vida en su casa de Los Ángeles. Como Bowie, el cantauator había estrenado su You Want It Darker –su tratado musical sobre desaparecer– con sólo días de antelación.

Entre ambos mundos –el de Eros y el de Tánatos– afortunadamente vive la resurrección. Si el hombre no puede encarnarla –si Lázaro es la absoluta excepción–, el arte la ciñe como suya –no lo es para Bowie. Las mejores obras surgen, quizá, como el fénix: el más óptimo fertilizante es la (propia) ceniza. Reinventarse viene de verse ya en la tumba y su consecuencia absoluta es la revolución.

Mi lista de los 10 mejores discos del año está inspirada por la dialéctica entre la muerte y su opuesto –no la vida precisamente, sino la resurrección.

  1. Kanye West – The Life of Pablo

La humildad es una debilidad sólo humana. Antes de Cristo y su grotesca encarnación, ningún dios se aceptaba falible. Kanye pertenece a tan arcaica teología –se ha comparado a sí mismo con Einstein, Henry Ford y hasta con Jesús. “Ye”, como gran parte de las divinidades que adornan los Panteones paganos, posee la habilidad de reencarnar en diversas presentaciones –Zeus fue águila, cisne y toro. Su eclecticismo musical lo saca de fáciles casillas genéricas. The Life of Pablo es un disco que el rapero omnipresente controla desde afuera: en su mejor canción, “Ultralight Beam”, no canta, produce. Después de tres años de ausencia, el dios del hip-hop moderno nos presenta la biblia del género.

Canción destacada: Ultralight Beam

  1. Bon Iver – 22, A Million

Durante los cuatro años en que Justin Vernon desapareció de Bon Iver, lo escuchamos activamente en proyectos que, pese a su distancia genérica –rap y electrónica– están emparentados por su genial producción: Coloring Book de Chance the Rapper y The Colour In Anything de James Blake. De ellos aprendió la experimentación, el poder detrás de la consola. En 22, A Million, Bon Iver se escinde totalmente del tradicionalismo folk y reviene con uno de los sonidos menos complacientes de la historia de la música popular. Con un inteligente uso de la producción, Bon Iver niega los clichés musicales: falsos clímax, vocales desafinadas y el paradójico uso de instrumentos electrónicos para baladas nos enseñan a dudar de nuestro cómodo establecimiento estético.

Canción destacada: 29 #Strafford APTS

  1. Frank Ocean – Blonde

Se dice que después de Blonde, Frank Ocean no cantará más. Se dice que, después de cuatro años de ausencia, tiene un material inmenso: más de sesenta horas de música. Se dice que rechazó su nominación al Grammy. Se dice que el huracán Katrina lo obligó a huir de la universidad en Nuevo Orleans y refugiarse en Los Ángeles, donde subsistió escribiendo letras para otros. Blonde es el encuentro con este mito.

Canción destacada: Self Control.

  1. Radiohead – A Moon Shaped Pool

The King of Limbs (2011) suena a un muy mal réquiem. Para muchos amantes de la música de Radiohead, su penúltimo disco es un claro fracaso estético –parecían enterrarse solos. La interesante armonía de música electrónica y acústica alcanzada en In Rainbows, suena artificial y discorde en canciones exageradamente electrónicas como “Morining Mr Magpie”. Sin embargo, A Moon Shaped Pool parece redimir el legado del grupo británico. El hincapié en los arreglos orquestales de puros refritos  (sólo un par de canciones son enteramente nuevas) da nueva vida al proyecto híbrido empezado en Kid A –le devuelve el pulso a las cuerdas.

Canción destacada: Present Tense

  1. Chance the Rapper – Coloring Book

Antes de grabar “Ultralight Beam” de The Life of Pablo de Kanye West, Chance era (casi) nadie. La fama le vino por la bendita mano de Yeezy. Su sonido es la mezcla perfecta entre Frank Ocean y Kanye West. Su particular estilo –entre rapeando y armonizando– ha dado nueva vida al ya cansado hip-hop.

Canción destacada: All Night

  1. The Last Shadow Puppets – Everything You’ve Come to Expect

Pocos compositores jóvenes alcanzan el poder poético de las letras de Alex Turner. Su ingenio ha sabido madurar después de los ocho años que separan The Age of Understatment de Everything You’ve Come to Expect. Ahora, covereándolos en sus conciertos, se sabe vástago de genios literarios como Leonard Cohen. Su entramado metafórico, sin embargo, viene tanto de la tradición musical como de la profana imaginería millennial. ‘You’re the first day of spring’, canta muy ortodoxamente, ‘with a septum piercing’, rima très chic.

Canción destacada: Sweet Dreams, TN

  1. Car Seat Headrest – Teens of Denial

La anonimia es otra forma de muerte. Will Toledo grabó doce discos en Bandcamp antes de convertirse en el creciente fenómeno pop que es ahora. Sus historias sobre la adolescencia millenial, el hincapié en el sampleo y la citación musical –en “The Ballad of the Costa Concordia”, canta a Dido– y su revival de géneros arcanos, los colocan –con Kanye West– como los máximos representantes de la posmodernidad musical.

Canción destacada: The Ballad of the Costa Concordia

  1. ANOHNI- Hoplessness

En 2006, Antony and the Johnsons ganó el Mercury Prize con su segundo disco, I Am a Bird Now. Las potentes letras escritas por Anohni se unían a melódicos pianos y calmas guitarras. El resultado se mantiene como un nicho de simpleza y sinceridad poética y musical. Diez años después, Anohni se une a  Hudson Mohawke y a Oneohtrix Point Never para generar algo similar en el rubro de la electrónica –una resurrección en otro género. Sin embargo, quizá el impacto de Hoplessness es aún mayor: las letras de Antony (a.k.a Anohni) han girado hacia la política.

Canción destacada: Crisis

  1. Cymbals Eat Guitars – Pretty Years

Después de LOSE (2014), parecía imposible para Cymbals Eat Guitars superarse. Su nuevo disco es una clara contradicción de su obra maestra (mi número uno de 2014). En Pretty Years, el trabajo instrumental resulta más vasto y complejo: por primera vez el teclado domina a la guitarra (Keybords Eat Guitars). Sin embargo –y quizá para gracia de quien, algún día, quiere memorizar sus complejísimas líricas– se han vuelto más mundanos.

Canción destacada – Pretty Years

  1. Preoccupations – Preoccupations

Con el bautismo, se nace ante Dios. Nombrarse es surgir ante otra vida, una libre de pecado. Viet Cong fue el primer nombre de Peoccupations –un nombre tan polémico como su sonido. Ante la presión de los puristas y moralinos, el grupo canadiense tuvo que re-bautizarse. La aparente trivialidad de tal proceso, sin embargo, trajo cambios sustanciales a su sonido. Su apuesta es, ahora, más asequible –de ser émulos malos de Joy Division, se han vuelto sus legítimos vástagos.

Canción destacada – Memory

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