¡El Cyborges violó a mi marido! Parte 4.

 

Imagen encontrada en los archivos clasificados del caso

Imagen encontrada en los archivos clasificados del caso

Por José M. Vacah

@JosMVacah

Llegaron a la escena del crimen, militares y policías habían acordonado la zona.  En México, los múltiples mecanismos de seguridad, información, “inteligencia” y despliegue de fuerzas armadas reaccionan con inusitada rapidez y contundencia cuando se trata de asuntos menores que afectan a miembros de la clase política o a intereses empresariales. Mafias del poder aceleran la captura del Cyborges mientras en otras partes de la apestosa Ciudad de México crímenes mayores quedan en la impunidad. “Resuelve el caso antes de que el  presi regrese de China o te corto los huevos y te los doy de tragar en sushi”, algo así, palabras más o palabras menos, fue lo que dijo Osorio Chong por teléfono al Coordinador de la operación “Culito de Lata”, el agente más kool aid de la ex DFS. La llamada de Los Pinos cimbró la oficina de la Base de Operaciones Mixtas del D.F, donde el grupo especial investigaba las declaraciones de quince testigos que aseguraron haber visto al Cyborges. Entre ellos, se encuentran los dibujos de un niño con síndrome de Down que dice  haber hablado con la máquina en un parque de la delegación Venustiano Carranza. El infante dibujó a su “nuevo amigo”, según las declaraciones de la madre. También analizaban la declaración de un vagabundo que presume haber visto a la máquina salir de diferentes antros de la colonia Cuauhtémoc disfrazado de pollo. Actualmente el vagabundo, que responde al mote de “ruso” y cuyo nombre real es Fernando Lenin Cervantes Radzevok, se encuentra desaparecido, se presume que fue asesinado en una riña callejera y su cadáver  arrojado al Río de los Remedios. A continuación reproduzco una de las descripciones  gráficas encontradas en el escenario donde se perpetró la violación al señor Francisco Ignacio Taibo Mahojo, el autor del dibujo comía tacos justo cuando se perpetró el hecho criminal:

 estrasa1

Una punzada ataca los testículos de Coca Durán.

—¿Es el derecho o el izquierdo? —pregunta Tambor Ojeda al tiempo en que arrebata La Prensa que leía Durán cuando sintió el punzón maligno del oficio detectivesco en los huevos.

—Es el izquierdo. Guarda la nota.

—¿Quieres que baje a investigar quién es la nueva víctima?

—No es necesario, no hay prisa, mañana lo sabremos, déjalos…  Malditos puercos, míralos, míralos nomás, cómo se mueven, parecen chinicuiles en un basurero… según están trabajando, según cumplen con el oficio. Dizque asegurando la escena del crimen para realizar los peritajes correspondientes y la mamada ¡cómo si supieran el protocolo! ¡cómo si les interesara a los bastardos resolver el caso! Hacen que trabajan como si alguna vez lo hubieran hecho, ¡farsantes! pero ahora  sí tienen que trabajar porque el ejército está ahí vigilándolos, míralos, míralos cómo se mueven, parecen lombrices en el recto, los perros del gobierno vigilando a los puercos… No sé a quién odio más, a los verdes o a los azules.

—Nosotros éramos azules, te lo recuerdo. Si sigues haciendo corajes te va a dar chorro la pizza.

—¡Cuál pizza méndigo gordo!

—La que nos vamos a comer, ordené una pizza. Di la dirección de la vecina de abajo, ella recogerá la pizza en lo que llegamos. La noche será larga, tenemos muchos hilos que coser.

—Méndigo Tambor-Pito-Alegre ¡con que te andas cogiendo a la ruca de abajo eh! Con razón siempre te anda comprando tus Viñitas, ¡y hasta te las guarda en el refri pa que no se te calienten! Ya se me hacía que había gato revolcado… [Omitimos la conversación completa porque no es apta para menores]

                Nuestros expolicías regresaron al departamento que rentan en la Colonia Obrera, sitio que usan exclusivamente como oficina de trabajo,  pues ni Durán ni Ojeda viven permanentemente ahí, aunque Ojeda llevara a sus parejas sexuales frecuentemente. Nuestros “detectives” cambiaban de oficina más de cuatro veces al año, para evitar sospechas, y por seguridad. En el trayecto un perro sin suerte sucumbió bajo las llantas del más famoso Tsuru negro.

Tambor Ojeda recortó la escueta nota de la Prensa y escribió en ésta las siguientes frases: “Esperar identidad. Probable. Punzada. Izquierdo”. Y colocó la hoja sobre un pizarrón en el que habían acomodado todas las pistas sobre el caso. Varios documentos se exhibían ahí, declaraciones de las víctimas y de presuntos testigos, las fotografías de todos ellos. La foto de Amado Lars (el creador de la máquina pornócrata) ocupa un lugar preponderante; hojas del diario de éste y algunos recortes de periódico, el más visible era una nota cultural en la que se leía:

El Colegio de México invita a todos los interesados a la conferencia
“El esperma criogenado de Paz como paradigma de la Bioliteratura Nacional”
En el marco del centenario del natalicio de Octavio Paz

Por último, una pequeña pieza de metal en una bolsa de plástico colgaba del pizarrón, era la única prueba tangible de la existencia del pérfido cyborg.

estrasa2

Encendieron la televisión mientras devoraban las rebanadas con peperoni. En el noticiero de media noche Enrique Krauze exponía su caso por primera vez en cadena nacional. Mientras mostraba radiografías de su cavidad anal visiblemente ensanchada. En dicha fosa, un fragmento de metal relumbraba como fosforita en una cueva. “Mi vida jamás volverá a ser igual –gimoteaba el hijo putativo de Octavio Paz—,  los médicos me aseguran que he sido preñado por la máquina conocida con el nombre de Cyborg-es 1.0.1. Pido a la opinión pública, que no se preocupen más por el caso de los normalistas desaparecidos. ¡Mi caso es más terrible! Porque no es el Gobierno quien amenaza a un ciudadano, es una máquina maldita, un ente ajeno a nuestra comunidad humana, pido a la compasiva audiencia que, tras escucharme , comprenda todo el dolor que he sentido, el más profundo dolor que paraliza a un ser humano, por supuesto no sólo a mí, sino a todas las víctimas de esta máquina, que no han sido pocas, ni vulgares, puesto que un país sin escritores, sin agentes de la cultura es un país mediocre, por esta razón estimo que mi caso requiere la mayor atención, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla…”

Mientras nuestros detectives miraban atónitos la pantalla, en ese preciso momento, pero al otro lado del mundo, el mandatario mexicano había sugerido a su homólogo chino la posibilidad de intercambiar “el milagro robótico sexual mexicano” por un jugoso contrato en alguna empresa expansionista china. El presidente Peña Nieto estaba dando palos de ciego en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, su ambición no tiene escrúpulos.

—¡Vale madres! Espero que tu plan funcione —destapó una Viña real con los dientes  y se tiró en el sillón mientras apagaba la televisión con furia, el control remoto cayó al suelo y se reventó— ¡Malditos productos chinos, de un pedo se rompen! ¡Carajo! Mañana, tras las declaraciones de Krauze en la televisión, tendremos a miles de ociosos buscando a nuestro robot. Hasta la pinche prensa extranjera tendremos detrás, es más, hasta los pinches Casco Azules de la ONU… ¡la CIA! ¡la Interpol!. Tengo un mal presentimiento Coca. Si no atrapamos al Cyborges cuanto antes, alguien más lo hará por nosotros.

—Deja de llorar como un mariquita sin calzones. ¡Atraparemos al Cyborges mañana! Confía en mí— dijo esto con un tono tan severo que él mismo se lo creyó, en el fondo el temor de no poder atrapar a la máquina sexual agita como fideo el temple  de nuestro duro detective.

estrasa3

Continuará.

¡El Cyborges violó a mi marido! Parte 3.

Acá puede leer las partes anteriores y más:
Archivo Coca Durán

Advertisements